viernes, 1 de octubre de 2010

La felicidad es un trayecto, no un destino.

 
Una enumeración de cosas estúpidas, un nombre al azar escrito en un banco de cualquier parque, un fragmento de tu libro favorito, un niño en una tienda de caramelos, un reencuentro con un ser querido, una voz que ponga los pelos de punta, una caja de lápices de colores, un dibujo de tu infancia, una carta sellada con un beso, un "te echo de menos", una mirada de complicidad, una cesta de picnic y un mantel de cuadros, una película que te hace llorar, una marca de carmín en el cuello de la camisa, una carcajada escandalosa, una moneda tirada en la calle, una canción que no puedes sacar de la cabeza, una persona fría, un candado colgado en el cordón del zapato, un cascabel en el cuello.

Todo se resume en la primera frase: "una enumeración de cosas estúpidas".
Aunque suene raro, me gusta hacer eso, pensar en cosas sin sentido, y luego juntarlas para formar un sinsentido todavía peor. 

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